I
Selva
La noche es cerrada y una brisa humedece el cielo aún así se avista la luna llena que nos ha acompañado en todo el camino. Luego de cinco horas de viaje se levanta la selva.
Me rodea virgen y majestuosa, y salta a mis adentros por mis oídos, olfato y vista. Me permito pensar sobre la pureza de la escena que presencio, pero por fortuna el pensamiento se disuelve en la nubla abundante. El río corre turbio pero calmo mientras los grillos rugen (Imagen que comprenderá aquel que ensordezca a su canto), mientras las ranas croan y así mismo todos los seres son, sin afán de ser y calmos de hacer todo lo que conlleva su existencia.
Calma me esperaba la selva, siendo origen y sobreviviente al concreto, siempre esperando al no esperarme, sumergida en la calma indiferencia natural.
Mueren bajo mis manos algunos insectos que no mantienen su indiferencia… Se aplastan bajo mis manos… Recuerdo:
¡Ah! Y pensar que la tierra en que se levanta mi casa alguna vez fue una verde, calma y espesa selva… Y pensar que el río corría libre inundando el valle en tiempos de lluvia como estos, uniendo el sonido de su correr con el cantar de los pájaros que ya nunca podré escuchar…
Y sentir que la tierra que habito a muerto en manos de mis antepasados, y aún así imbatible, se levanta agonizante (Pero siempre vencedora al final) entre la peste que la somete.
Se levanta frente a mi la selva que será imaginaria cuando pise de nuevo mi hogar.
II
Horizonte
A ella…
Semos calmos como el mar,
que sus olas contra nada se abalanzan,
a sabiendas de que algún día
todo se sumergirá bajo sus aguas.
Seamos calmos como el mar,
dejemos que el viento nos empuje;
que cuando llegue el momento nos levante furiosos,
nos levante victoriosos,
Sobre cualquier barrera que nos detenga.
(He escrito tu nombre en la arena. Y que suave se ha diluido bajo la espuma que avanzaba lenta)
Seamos pues, serenos en la distancia,
como el mar y la bóveda celeste,
pues a menos que la brisa te ciegue,
veras que ambos se funden en el horizonte.
III
Mar
(Pierdo mis dedos entre la arena, casi pierdo también mi lápiz, y siento la fortuna de su existencia para que la belleza del mar no me ahogue)
El oleaje pasajero y calmo entra y sale de mis oídos, con su constancia que rompe rocas. Suave,
va y viene, viene y va;
el ciclo de la calma y la tormenta, de la creación y la destrucción,
va y viene, viene y va;
que cuando viene explota fuerte contra la playa y se expande paciente sobre la arena,
que cuando va se recoge y se lleva consigo lo leve que encuentre a su paso, y se va seguro de que volverá pronto,
va y viene, viene y va;
y va meciéndose… Arrullo de los sentidos.
(Son todas estas letras vivas y espontáneas, pues aunque sea en mi cabeza escribo mientras vivo, no mientras recuerdo o imagino, por eso la arena y la brisa impregnan estas hojas)
Entre el arrullo y la arena que esconde mis pasos se levanta el horizonte, aquella linea distante en que las distancias desaparecen, donde el cielo y la tierra se funden.
Recuerdo la inmensidad… Recuerdo que siglos atrás el mar se derramaba en el horizonte como una cascada y caía en el vacío del universo, cosa que cambió más adelante. Veo aquella distancia y cómo el sol penetra en ella, y siento un descanso de las montañas, aquellas que limitan mi vista, que ocultan la inmensidad tras un telón de valle.
(Una gaviota vuela solitaria, de alas negras e imponente cabeza blanca, surca el cielo sin manada, sin fijarse en el mar bajo él, sino absorto en su volar y volar y aletear… Y volar… Volar…)
Bajo la mirada y veo.
Formando el horizonte… El mar en toda su majestad, con su arrullo de olas y la brisa que colma el aire. Con el viento que lo empuja y maneja su temperamento, mandándolo furioso o imperturbable (Y siempre con su: Va y viene, viene y va). Decorado por el atardecer que lo tiñe de color y cuando rige la luna sirvele de espejo y danza a su placer.
…Todo esto siendo mar, y nada más que mar.
Este mar se interna en la tierra y la baña con su gracia, se interna en mi vista y se renueva con cada pestañeo, fluyendo, cambiando y llenando de cambios a quien lo acaricia con la mirada calma.
Me interno en él jugando con la arena, luchando por arrebatarle mis pies. De pronto (Va y viene, viene y va), se desliza sobre mi piel y me dejo atrapar. Me sumerjo en sus aguas que ahora bañan todo mi cuerpo llenando de sal y movimiento todas las fibras que me constituyen. Y floto sobre él concentrando mi mirada en el cielo, mi oído en el arrullo, mi olfato en la sal que lo llena, mi tacto en el cuerpo que al ir y venir amenaza con hundirse y finalmente mi pensamiento en el sentir.
Va y viene, viene y va…
Me observan flotar las aves desde arriba. Me dejo llevar por él y poco a poco me acerca a su orilla, pasivo aún mientras empieza a llover. Llover breve y calmo en el que por una fuerza casi automática entono… “Nah, nah, nah, Llueve sobre mojado…”
Me derrumba si me paro en él y todo él es grandioso y verde y azul.
Cuando debo partir camino en la orilla con la vista en el mundo y las olas en mi caminar (Va y viene, viene y va), el viento silva en mis oídos y enreda mi cabello, y quisiera decir que se despide , pero el viento no se despide, solo se ocupa de ser viento y soplar. Luego desaparecen las palabras de mi mente y solo me ocupo de mirar.
… Al atardecer,
cae el sol sobre el horizonte,
se mete tras el mar,
desangrando su color y derramándolo…
Luego se apaga.
V
La cuestión
Escribo sin forma ni medida, porque es lo natural y el oleaje no tiene metro, y si lo tiene es casual, pasajero.
pero ¿de que sirven todas éstas letras? ¿ Acaso he abusado de mi vista?
Solo se conservaran porque se que son naturales e inmediatas, por lo tanto verdaderas.
… “Relación directa con las sensaciones a través de las letras” ¿es posible?
De no ser así todo esto es una estupidez.
VI
Volver
Bajo las ruedas se consume el camino ya recorrido. En mi ventana una ultima proyección del mar, los últimos vistazos del horizonte, y el ultimo avistamiento de aquel pelicano.
Esta vez es de día, puedo ver la lluvia y la niebla que cubren la selva, el valle puro aún con uno que otro bohío en sus orillas. El río corre derrumbando arboles y la lluvia no para. Veo la selva por ultima vez y volteando la mirada le digo adiós.
Las luces de la ciudad tan irreverente como siempre, las montañas peladas y pobres de mi hogar, malditas sin horizonte, con el bullicio de las gentes que guarecen. El horizonte, el mar y la selva no son habitantes de mi casa.
Amanece. Estudiar textos ahora, no el mar. Y el valle hermoso, las montañas verdes guardadas por el humo/niebla de la madrugada. Veo todo por primera vez y busco la sorpresa entre lo recorrido, entre la cotidianidad. Me levanto en este valle como por primera vez y como siempre, miro el cielo sobre las montañas y los edificios que surcan los cielos sin añorar más, ¿que es el “horizonte”?
Y… ¿Alguna vez me fui?
Como saber…
19-22 De marzo 2011. Necoclí-Uraba.