¿Cuantas letras habré escrito ya? Quizás tantas como arena haya en el mundo pero no tan oficiosas. Si por cada letra que he escrito hubiera dado un paso en algún sendero, podría ya haber dado vuelta al mundo. O, si cada letra fuera una roca podría lanzarlas todas al mar y hacerme un puente para llegar a oriente. Pero no debo reparar en eso, son letras y sólo serán letras ya.
Siempre han sido una tentación, un deseo que me persigue en cada momento y que me absorbe cuando veo, al frente mío, esbozarse la primera y luego la segunda, así mismo la tercera y mira, ya se forma una silaba y pronto una frase y…
Y es cierto que las letras son letras y no he sido presa de ellas sino de mi mismo. Con letras hago puentes hacia lo desconocido y a veces neciamente trato de ver con ellas lo que veo y dudo, lo que no debería suceder pues ¿por qué dudar de lo que se ve?… o, ¿por qué no?
Con letras he calmado dolores que me comprimían el pecho, y he hecho cartas a personas lejanas sin nunca dejar de estar lejanas, ahí la desventaja de las letras ante los pasos… Con pasos podría transportar mi vista en los caminos y ya no necesitaría escribir cartas, aunque es cierto que con las letras también he explorado otros mundos (Las letras están a merced de la imaginación y viceversa), pero hay días que no quisiera librarme del “mal” que puede ser escribir cartas.
Si escribo que llueve, de seguro recordaré después que llovía o alguien que me lea recordará alguna vez que llovía, o se asomará a alguna ventana o algún balcón, o quizás subirá a alguna plancha y se asombrará de que afuera también estaba lloviendo.
Recuerdo que escribía para recordar, que escribía por temor a olvidar pensamientos que, también recuerdo, me parecían muy valiosos e importantes para mi (y el mundo… Creo), y también escribía para enamorar a alguien y para tener una excusa de elevar mi voz a sus oídos… Pero ya no quiero escribir para recordar pues poco a poco se vuelve más demacrante el paisaje hacia el futuro, y si algún pensamiento valioso he de tener, seguro terminará en algo más grande que en un simple texto pasajero como éste (y que valioso que sea pasajero, no me preocupo así de quien lo lea o de su destino), trataré de escribir ahora… escribir y dejarme llevar por ese deseo que me absorbe, por el papel que me llama constantemente, y que en verdad soy yo quien me llama… Tampoco sé porque escribo, depronto un vicio tomado con el tiempo, o el “no poder conmigo” o el desear escribir un verso que contenga la belleza de algo/alguien (Pues sería tonto pretender que no volveré a escribir para tal causa), y al final mirar el papel sucio de letras y contemplar la hoja siguiente y mirar al cielo para ver que la nube que me acogía se ha ido y la hoja del árbol no está ya en la misma posición y algo mío junto con las letras se ha marchado.
Creo que estoy siendo algo confuso. Y no es malo, pues siempre que escribo suelo estar algo confundido.
… Cuantos textos olvidados en la repisa, cuantos poemas desapareciendo en mis libretas (Puede suceder al escribir con lápiz)… ¿A donde me llevaran las letras?… y es que ¿se puede llegar a algún lugar con ellas? Llevenme…
Mucho de mi es letras, y muchas de ellas falsas, pues son pocas las que han logrado decir lo que yo quería que dijeran… pero, ¿por qué falsas? Si lo pienso mejor, esas letras que no he logrado sumir a mi exacta dicción han logrado ser letras independientes, letras más vivas que yo. Y por último si le doy merito a tal lógica, este texto es vida pues no he buscado decir nada concreto… Perdón a quien me lea si resuelve que ha perdido su tiempo.
Pero para premiarlos les diré algo valioso… Está lloviendo afuera.